Las in-consecuencias

26/01/2016 at 5:08 pm (Pensamientos)

Cada vez estoy más segura de que el pesimismo no ayuda en absoluto. Esto no es nuevo. Que si nos centramos en que va a pasar algo malo, seguro que pase, o como mínimo, es mucho más factible que si algo pasa, lo veamos como negativo.

A eso deberíamos agregarle el miedo a los cambios, a lo nuevo, a arriesgar. La trilladísima frase “quien no arriesga, no gana” tiene razón. Por supuestísimo que también tienes las de perder, es lo que tiene. Que no quiere decir que abandones todo siempre, sino que vaya encadenado a cómo quieres vivir. Si la pifias, te jodes, ya seguirás de alguna manera, después de todo sigues aquí, ¿no?.

Es muy fácil culpar a los demás; y no digo que seamos impermeables, pero podemos acolchar los golpes recibidos en su gran mayoría. Y que si no nos gustan esos golpes, no tenemos porque aguantarlos.

Es una faena enorme que alguien te falle o te decepcione, es peor a que te haga enfadarte. Duele más, mucho más. Tienes dos opciones, o seguir aguantando palazos que cada vez te hunden más en el suelo o moverte para que no te caiga el golpe. El problema es cuando crees que ha de ser así, que es lo normal. Que te prometan, te ilusionen y luego te digan: “Ala, chato, que hice esto para que estuvieras de buenas, y como veo que te has ilusionado lo suficiente, que has empezado a organizar tu vida en torno a eso, pues va a ser que no, que es que he cambiado de idea, que si te parece bien guay, y si no también. Ah, pero lo que yo exijo, ordeno y mando sigue siendo inamovible” ¡Crash! Se han roto los cristales. A ver qué coño haces ahora.

Y ya hay un momento que te cansas de discutir, con quién sea que te provoque esto (amigos/pareja/jefes/familia); porque si crees que sólo va a pasar una vez, vas listo. Y ves tu vida como si ya la hubieras vivido. Y pinta muy aburrido. Y te resignas. Y pasas. Y añades cada día un ladrillo más a la pared que te está tapando la puerta.

Sea una pareja, una amistad, un trabajo… Sigues procurando dar lo mejor de ti, olvidar, sonreír, seguir haciendo planes como si fueras a ser feliz. Pero, tu en el fondo, aunque no te lo creas, tienes un hilito de esperanza, que es lo que hace que no abandones. Hasta que un día coges los puñales que te están clavando y cortas el maldito hilo, te caes, y te la das gordísima, pero como veías la situación venir hace meses, ya estás acolchadito. Y resulta que estás muchísimo más preparado para ser feliz de lo que pensabas. Porque no es la primera vez que te lo hacen. Seguramente si te has hartado es que has aguantado varias. Porque das un tiempo prudencial por si es algo aislado y llega la fecha y han caído más.

Te sacudes el polvo, sigues. Continúas aún sabiendo que es probable que te vuelvas a manchar. ¿Y qué? La ropa se lava, las heridas se curan. Eso sí, encárgate tu mismo de hacer la colada o revisar el botiquín, que los que te cruces en tu camino no tienen la culpa.

 

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1 comentario

  1. Lord Baktor said,

    Bonito y muy acorde con mi propia forma de ver las cosas. La única compañía que vas a tener para siempre es la tuya propia, así que depende de tí ser feliz. Que luego compartas o no esa felicidad con otros es, en el fondo, secundario.

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