Egoísmo emocional

22/03/2016 at 9:33 pm (Pensamientos)

Tengo tantas emociones y cosas en la cabeza que siento como si fuera a explotar. Mezcla de alegría, tristeza, rabia, miedo, ilusión, realización personal… Procuro quedarme con las buenas y usar las malas como combustible.

Realmente últimamente he vuelto a sentir la necesidad de escribir, especialmente hoy. Pero tengo la cabeza tan llena que no consigo poner mis ideas en orden. Seguro que a más de uno le resulta familiar. Cuando no consigues abarcar todo. Todo está cambiando, no significa que sea malo pero asusta. Todo da vueltas y me mareo.

Tener algo cuando ya no lo quieres o necesitas frustra. Después de todo el camino que hiciste para conseguirlo cuando sí lo buscabas. Aprendiste a cruzar cualquier terreno. Al poco de llegar a tu destino, te enteras de que están construyendo un puente con dos carriles, cuando ya has llegado atravesando las arenas movedizas. Maldices, te encojes de hombros y sigues.

Las relaciones (amorosas, laborales o de amistad) a veces se acaban, a veces cambian y otras siguen adelante. Si no lo intentara por miedo a darme la hostia, o pensando que se va a acabar, me habría perdido muchas cosas bonitas. Si cuando inicio un viaje no suelto mi equipaje anterior, habrá un momento en el que no podré viajar por el peso. Cada destino es distinto, cada contenido de la maleta es diferente. Pues lo mismo, pero con las personas o empleos.

Cuando nuevas aventuras se topan con el fin de otras, o tristes despedidas, es algo complicado porque te puedes llegar a sentir culpable por sentirte feliz. Cuando deberías quedarte con que esas cosas buenas lo que hacen es ayudarte ya de paso a pasar el mal trago.

Si hace frío no puedes evitarlo, pero lo que si puedes es elegir entre quedarte tiritando en la nieve o buscar una chimenea, una manta y una buena taza de chocolate calentito y disfrutarlo al máximo, que ya llegará el verano.

 

 

 

 

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Bloque de nudos

17/03/2016 at 1:04 am (Pensamientos)

Ohhhhhhhh vuelvo a tener ordenador y ahora ya si que si, vuelvo a poder escribir con un teclado en condiciones. (Lo cual resulta mucho más cómodo que tablet o móvil). Dónde va a parar…

Últimamente mi vida ha dado otro giro, ya empieza a ser habitual. Únicamente que mi manera de afrontarlo ha cambiado favorablemente. Antes, me acongojaba muchísimo cuando me pasaba esto. Era en plan “¿y ahora qué mierdas hago con mi vida?” y a comerse la cabeza en qué iba a hacer. Me volvía a aparecer una situación relativamente “familiar” y caía como si fuera nueva.

En esta ocasión he estado a punto de caer en lo mismo, pero todo ha decidido irse ordenando poco a poco, curiosamente. Sólo he tenido un par de cosas en las que he tenido que dar un golpe sobre la mesa, porque parece que de verdad empiezo a apreciarme y a notar que me lo merezco. Y una vez hecho, me he dado cuenta de que tampoco era tan importante y que hay muchas más cosas. Muchas más oportunidades que merecen mi atención. Y que gastas energías en cosas que pintan bien pero luego no son para tanto. ¿Cuándo desaparece esa ilusión del principio? ¿en qué palabra se rompe el cristal? Hay un momento que te miras en el espejo y te ves de manera distorsionada y te das cuenta de que no eres tú, sino que el espejo tiene una grieta (o más).

Y es que, piensas que tu vida empieza a ponerse en orden y te las prometías muy felices, y que aunque inesperado, llega un momento feliz, y resulta que es sólo algo que te hace recapacitar en ¿es realmente esto lo que quieres? ¿es lo que te mereces? ¿tienes que sacrificarte cuando aún no has vuelto a andar sola?

Pues no. Así de claro. Echas un “pasito pa´trás María” y vuelves a un punto anterior y te sientes taaaan bien… Y ahora es todo cómo debería ser, no porque lo esperen de ti, sino porque ves que es lo que merece la situación. A lo mejor te estabas acelerando por costumbre, y esto, lo que “no querías” es lo que realmente te apetece, aunque no encaje con tus planes es lo que el cuerpo te pide.

Hay un botón rojo enorme con la señal de “peligro” que sólo quieres pulsar porque no debes hacerlo. Tu instinto dice que lo pulses, pero si lo haces tu vida, esa que estás construyendo, se va a tomar vientos.   A veces, lo prohibido, no es la mejor opción. No pulses ese botón si sabes que lo que hay después signinifica destruir lo que te hace feliz. La curiosidad mató al gato.

Estoy mejor que nunca, y casi, casi me lo quería perder.

 

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Cuesta abajo y sin frenos

10/02/2016 at 12:14 am (Pensamientos)

¿Qué ocurre cuando vas demasiado deprisa? Que si hay un obstáculo nos tropezamos con él, y no hablemos ya de si es un barranco… ahí ya te puedes despedir.

Cuando te apresuras en llegar a tu meta, no disfrutas del camino. ¿Cuántas veces has pasado por un sitio y de repente ves un establecimiento que no sabías que estaba ahí? Entras y preguntas si el sitio es nuevo y te dicen que lleva años en el mismo lugar. Y aunque te encante, como no tienes tiempo, pues no te entretienes y cuando decides volver ya han cerrado. Ya es tarde. Y entonces te das cuenta de que si hubieras sido más observador, la cosa hubiera sido diferente.

De vez en cuando nos debemos un momento para respirar, pensar y mirar a nuestro alrededor. A disfrutar el camino, incluso a aprender cada grieta y resalto, para no darnos golpes innecesarios. Y así cuando lleguemos tendremos algo que contar.

 

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Take away

07/02/2016 at 5:20 pm (Pensamientos)

Estamos muy acostumbrados a la comida para llevar, que suele ser más o menos lo mismo, sin un menú extenso. Así que a veces alguien cocina y nos propone sabores nuevos, y nos pasa como a los niños; nos da la rabieta, decimos que no nos gusta sin haberlo probado. Quizá sea por su olor o apariencia, o más bien porque nos asusta la novedad.

Deberíamos estar ávidos de conocimiento y experiencia, pero estamos tan acostumbrados a nuestro espacio de confort, que si rozamos la línea, nos bloqueamos y tropezamos con ella, haciendo el idiota. O nos quedamos haciendo equilibrios encima y nos volvemos locos.

¿Cómo puedes ser feliz si no dejas de compadecerte?

También puedes hacer tu propio menú. Pedir lo que necesitas, que para eso lo necesitas, ¿no?. Porque es muy bonito hacer por los demás, pero destructivo cuando empiezas a perderte a ti mismo. Tener expectativas, conocerse y quererse, no es malo. El problema es que lo solemos confundir, y por no parecer egoístas salimos perjudicados.

Porque si algo no encaja con lo que buscamos, nos sentimos mal, y a veces lo aceptamos en detrimento de nuestra realización.

Pero sea lo que sea que estemos buscando, existe, hemos de pensar eso al menos. Para seguir, para no conformarnos y crecer. Qué irónico que sea un clásico tener miedo a lo nuevo, ¿verdad?

 

 

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Bufanda de palabras

02/02/2016 at 11:31 pm (Pensamientos)

En teoría una bufanda tiene que ser algo que usamos para sentirnos calentitos y cómodos. Pero si la bufanda es muy gruesa nos sirve para cubrirnos la cara; y a veces no sabemos hasta dónde taparnos y nos obstruimos boca y nariz, cortando nuestra respiración. Nos agobiamos, sentimos excesivo calor y no podemos respirar.

Pues eso pasa con las palabras que no decimos. Se acumulan y aburruñan, y no hay manera de desenredarlas. Preferimos respirar a través de ellas aunque se nos metan las pelusas en la garganta y nos hagan toser.

A veces nos sube la temperatura y es que no hemos advertido que llega el buen tiempo, sin esos aires de primavera que provocan alergias. Que únicamente es cuestión de respirar para seguir vivos, que ha de volver a ser algo natural, involuntario y automático. Si todo este tiempo has vivido y te centras en tu respiración te puede llegar a obsesionar si va despacio o demasiado deprisa.

No dejes que las palabras se atenacen en tu garganta y te ahoguen. Simplemente respira y vive. Que si tienes asma, ya te recetarán medicamentos.

 

 

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Las in-consecuencias

26/01/2016 at 5:08 pm (Pensamientos)

Cada vez estoy más segura de que el pesimismo no ayuda en absoluto. Esto no es nuevo. Que si nos centramos en que va a pasar algo malo, seguro que pase, o como mínimo, es mucho más factible que si algo pasa, lo veamos como negativo.

A eso deberíamos agregarle el miedo a los cambios, a lo nuevo, a arriesgar. La trilladísima frase “quien no arriesga, no gana” tiene razón. Por supuestísimo que también tienes las de perder, es lo que tiene. Que no quiere decir que abandones todo siempre, sino que vaya encadenado a cómo quieres vivir. Si la pifias, te jodes, ya seguirás de alguna manera, después de todo sigues aquí, ¿no?.

Es muy fácil culpar a los demás; y no digo que seamos impermeables, pero podemos acolchar los golpes recibidos en su gran mayoría. Y que si no nos gustan esos golpes, no tenemos porque aguantarlos.

Es una faena enorme que alguien te falle o te decepcione, es peor a que te haga enfadarte. Duele más, mucho más. Tienes dos opciones, o seguir aguantando palazos que cada vez te hunden más en el suelo o moverte para que no te caiga el golpe. El problema es cuando crees que ha de ser así, que es lo normal. Que te prometan, te ilusionen y luego te digan: “Ala, chato, que hice esto para que estuvieras de buenas, y como veo que te has ilusionado lo suficiente, que has empezado a organizar tu vida en torno a eso, pues va a ser que no, que es que he cambiado de idea, que si te parece bien guay, y si no también. Ah, pero lo que yo exijo, ordeno y mando sigue siendo inamovible” ¡Crash! Se han roto los cristales. A ver qué coño haces ahora.

Y ya hay un momento que te cansas de discutir, con quién sea que te provoque esto (amigos/pareja/jefes/familia); porque si crees que sólo va a pasar una vez, vas listo. Y ves tu vida como si ya la hubieras vivido. Y pinta muy aburrido. Y te resignas. Y pasas. Y añades cada día un ladrillo más a la pared que te está tapando la puerta.

Sea una pareja, una amistad, un trabajo… Sigues procurando dar lo mejor de ti, olvidar, sonreír, seguir haciendo planes como si fueras a ser feliz. Pero, tu en el fondo, aunque no te lo creas, tienes un hilito de esperanza, que es lo que hace que no abandones. Hasta que un día coges los puñales que te están clavando y cortas el maldito hilo, te caes, y te la das gordísima, pero como veías la situación venir hace meses, ya estás acolchadito. Y resulta que estás muchísimo más preparado para ser feliz de lo que pensabas. Porque no es la primera vez que te lo hacen. Seguramente si te has hartado es que has aguantado varias. Porque das un tiempo prudencial por si es algo aislado y llega la fecha y han caído más.

Te sacudes el polvo, sigues. Continúas aún sabiendo que es probable que te vuelvas a manchar. ¿Y qué? La ropa se lava, las heridas se curan. Eso sí, encárgate tu mismo de hacer la colada o revisar el botiquín, que los que te cruces en tu camino no tienen la culpa.

 

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Barriendo las primeras hojas de otoño

24/09/2015 at 10:58 pm (Pensamientos)

Por si aún no os habíais enterado, ha llegado el cambio de estación. Que quizá, alguien no tenga un contacto (o cientos) que ya lo haya notificado en las redes sociales. Luego no digáis que no os avisé.

Son días de animadversión para gran parte de la gente, una sensación agridulce, la vuelta al cole. Ese retorno a la rutina, normalmente necesaria y en la gran mayoría de los casos bastante tediosa. También época de nuevos propósitos y proyectos fácilmente olvidados en un futuro bastante próximo; pero no pasa nada, si eso en Año Nuevo los repescamos, les sacudimos un poco el polvo y a rodar de nuevo hasta que aguanten o se queden atrás en el camino. Hay algunos muy comunes y muy reciclados, otros nuevos, alguno que copiamos a alguien… para todos gustos y colores.

Así que entre primeros números de coleccionables y ropa nueva para el gimnasio, pasamos la depresión post-vacacional. Las horas muertas pasan a ser codiciadas. Pero, ¿cómo disfrutaríamos los días libres si no tuviéramos días ocupados?. Echamos de menos el calor, pero ¿a quién no le gusta una tarde de sofá y peli?. Y ese es nuestro grandísimo problema.

En vez de disfrutar de cada momento cuando toca, siempre estamos añorando otros o mirando el reloj para lo esperado, a ver cuánto falta. A este paso a alguno le veo esquiando en bikini, con un coleccionable de “dedales del mundo” en una mano y un diccionario de mandarín en la otra. Donde yo vivo, no sería extraño; es más, lo raro sería no verlo. Depende de lo que haya consumido el turista en cuestión.

En fin, quizá debería haber escrito antes sobre las vuelta de las vacaciones, pero es que después de todo el verano viendo como disfrutaba el resto, yo acabo de volver de las mías. Que cortas han sido. Me voy a taparme con la manta al sofá mientras estudio holandés. Soy una más.

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Alergia gatuna

04/09/2015 at 2:53 am (Pensamientos)

Desde que me alcanza la memoria, he sido alérgica a los gatos. Es una cosa que siempre resultó un problema para mi, puesto que es mi animal favorito. Era acercarme a un gato y mi garganta se cerraba, mis ojos lagrimeaban y mi nariz… Qué decir, mi nariz chorreaba como una catarata.

Aún así, tenía empeño por tener un gatito. Por suerte o por desgracia (ahora que lo examino, he sido muy afortunada) mi gata Darvy llegó a mi vida. Una gata adorable y bien educada, que nunca saca las garras y nunca te pide de tu comida. Por diversos motivos de la vida, pese a que su dueño la adoraba, se quedaba sin casa y vino a parar a la mía. Yo estaba un poco reacia, los primeros tres minutos, luego me miró con esos ojitos, y se me pasó.
He de decir, que los primeros días,se me hizo muy complicado con mi alergia, todo eran mocos, dificultades para respirar, tos, reacciones alérgicas en la piel…. Todo un problema.
Pero Darvy se había ganado mi corazón, así que aguanté, me tomaba mis pastillas para la alergia y seguía.
Poco a poco y por mi dejadez, dejé de tomármelas, y me sorprendí, porque ya casi no me daba reacción tocarla. En unos días solo me tenía que medicar una vez a la semana y poco después ni eso…
Al final, se convirtió en mi peque y no podría estar un día sin abrazarla. Y si estoy mala, está todo el día a mi lado y me cuida. Eso es increíble. 
Ahora hemos decidido adoptar a otra pequeña. Vuelvo a los días de no dormir por la alergia, a medicarme, a tener que echarme cremas… La pequeña Katniss hace presencia; con la experiencia vivida, no me arrepiento. Se que es cuestión de tiempo, son días de pasarlo mal, pero merece la pena. Para más “Inri”, es una gatita traumatizada, que tiene miedo hasta de su sombra y anima tiene que conciliarse con otra gata miedosa…
La alergia no es excusa, el cuerpo se acostumbra. Tengo dos gatas preciosas que tienen un hogar y que ahora son testigos de ello. Se pasa mal, pero de verdad, merece la pena.  Ahora de lo único que me arrepiento es que por la alergia no he tenido gatos antes.

No las cambio por nada. Son mi familia.

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Disculpas idealizadas

11/03/2015 at 5:10 am (Pensamientos)

Pese a poner la palabra “disculpas” en el título, en esta ocasión no toca pedir perdón. Puede resultar un poco curioso que sin tener que sentirme culpable en la anterior entrada lo hiciera y en esta que debiera, por quizá, monopolizarme por un mismo tema, no lo haga.

Ante todo, agradezco a la gente que lee este blog, que tiene tantos años, no sé cuántos ahora mismo, si siete, ocho… Debería comprobarlo, pero ahora mismo no me apetece. Más de doscientos seguidores, mas o menos fieles, tantas cosas. Después de todo, sigue siendo algo personal, aunque muchas veces no lo procure. Incomprensiblemente para muchos (gran parte ajena a este blog) comenzó como una vía de escape que acabó teniendo bastante audiencia. Y que, aunque la gran parte de su existencia estaba en un inpass entre lo personal y lo objetivo, en los tiempos más recientes es más íntimo. A lo que voy…

Muchas veces, sobretodo cuando nos estamos construyendo como personas, nos gusta comparar la realidad con la ficción de las películas. Este pensamiento viene a que para mí, sería mucho más fácil coger ese concepto que nunca entendí de “estar enfadado con alguien por morirse y que sientes que te abandonó”. Me sigue pareciendo incomprensible, y siempre será así. Pero realmente sería más sencillo. Aún así, no lo quiero de esta forma.

Un recuerdo que me viene mucho a la cabeza cuando mastico esta idea es el día que me tatué el nombre de mi hermana y ella me dijo “sólo espero, que no te enfades algún día conmigo, te arrepientas, y te lo quieras quitar”. Sin palabras. Así era ella. ¿Cómo podría enfadarme con alguien así?

La única forma es que se hubiera rendido a la primera, pero no, fue algo más de un año de lucha. Una pelea a dos combates, en el que el segundo fue el decisivo sin posibilidad de desempate. Aunque todos los que la conocieran, saben que ella, pese a no estar aquí, fue la ganadora.

Así que no, no voy a pedir disculpas, esto es parte de mi proceso que comente el otro día. Y para seguir, tengo que quitarme peso. Como dije, estoy en un cambio, una preparación para lo que venga.

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Disculpa vital

06/03/2015 at 10:00 am (Pensamientos)

Es curioso retomar el blog después de tanto tiempo, y más aún cuando es para pedir disculpas. Se incrementa este pensar cuando estoy completamente segura de que estoy rogando clemencia por algo que si no hago, te enfurecería, pero por lo que sin embargo, me siento culpable. Quedan unos días para ese 25, y he decidido comenzar desde el 26. 

No todos los aniversarios son alegres. 

Este es el primero, de algo que no se rompe como las relaciones o los contratos, este aniversario sucederá cada año inexorablemente. De esos que nunca se olvidan, en los que se te reseca la garganta y tiembla la voz. Como es algo que no puedo evitar y como he de aprender a vivir con ello, pienso que cuanto antes haga esto, será mejor, aunque pique un poquito más. 

Estaba hablando de que quisiera pedirte disculpas, porque voy a hacer precisamente lo que querrías que hiciera, lo que me enseñaste a hacer: Voy a dejar de deprimirme por esto. Inevitablemente me entristeceré en muchas ocasiones, porque es un dolor que queda a fuego y que cura pero no se borra. Pero voy a dejar de rascarme la costra, porque no me ayuda a que sane el no dejarla curar. 

Tengo tan grabada tu persona, que me acompaña en la soledad que tu misma dejas. Me abrazarás mientras te veo alejarte. Y me sujetas fuerte para que no corra detrás de ti. 

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