¿Hasta que punto debemos ser flexibles? ¿Cuándo pasamos de ser condescendientes a ser idiotas? No podemos ser insensibles, es desaconsejable y virtualmente imposible, pero tenemos una fortaleza que debemos preservar. No somos sólo lo que se puede hacer con/a nosotros, somos mucho más; tenemos mil capas de texturas y densidades múltiples, cuando una no aguanta el frío otra lo repele para proteger a la anterior. Cuando una se parte, hay otra que es elástica e impide que salgan disparadas mil partículas, siendo más fácil de reparar el daño, como un jarrón que se rompe pero del que conservamos todos los trozos.
Tenemos que ser como una esponja, empapándonos de todo, suaves cuando estamos en nuestro ambiente y ásperos con los que no saben nuestras necesidades mientras pretenden encontrarse un ser mullido, pase lo que pase.
Es importante confiar en nuestra capacidad a la hora de sopesar situaciones y hacer caso cuando nuestra cabeza nos diga cual es nuestro umbral y seamos consecuentes con el mismo a la hora de respetarlo.